Hoy sentimos que por fin damos el pistoletazo de salida a algo muy especial.
Y la verdad es que no podría llegar en un momento más bonito de nuestras vidas.
Mientras esperamos con muchísima ilusión la llegada de nuestra segunda bebé y vemos a nuestro pequeño convertirse en hermano mayor, otro sueño también está creciendo en casa.
Se llama Adare.
El nombre lleva mucho tiempo con nosotros. Volvió de Sri Lanka en nuestra maleta, aunque entonces todavía no sabíamos que algún día acabaría dando nombre a todo esto.
Durante nuestra luna de miel, nuestro guía nos cantó una canción que repetía una y otra vez Adare, Adare. Nos gustó tanto que terminamos cantándola durante el resto del viaje. Se convirtió en uno de esos recuerdos que son solo nuestros y que, años después, siguen consiguiendo llevarnos exactamente al lugar en el que fuimos tan felices.
Adare significa amor en cingalés.
Y ahora que nuestra familia crece, aquella palabra también ha crecido con nosotros.
Por eso, cuando empezamos a dar forma a este sueño, no hubo que buscar un nombre. Ya lo teníamos. Nos había acompañado desde el comienzo de nuestra historia y ahora regresa para formar parte de una nueva.
Adare nace de nosotros, pero también nace pensando en todas las familias que preparan una habitación imaginando al pequeño que la llenará; que eligen con ilusión cada detalle de su llegada; que se emocionan con su nombre escrito por primera vez o que pasan semanas preparando un cumpleaños que él quizá no recuerde, pero ellos nunca olvidarán.
Porque nuestros hijos solo serán así de pequeños una vez.
Y quizá por eso ponemos tanto amor en cada detalle: porque sabemos que los días pasan, pero todo lo que sentimos mientras los vivimos se queda con nosotros.
Hoy os presentamos Adare.
Nuestro otro gran sueño, creciendo al mismo tiempo que nuestra familia.
Gracias por estar aquí desde el principio. 🤍